Cuarto año: Indochina.


(Tontería rápida de sábado a la tarde).

Ella se sienta en el banco de una lavandería a ver su ropa girar como solía moverse en círculos su vida, como un pañuelo sucio.
Es una chavala china muy mona que debe soportar un huevo de cargas familiares que ni me van ni me vienen, la estoy viendo a través del cristal mientras camino por la calle esperando que cojas el móvil y contestes.

Mi corazón extrafino como el chocolate cabe en la carátula de nuestro disco favorito de Alejandro Sanz, no me dejes aquí sola temblando de miedo porque fui yo, fui yo, fui yo la que soporté la culpa que sólo tú te merecías.

Nadie regala un violín, ni una pluma de ave, ni un ruiseñor, nadie que no sea un cobarde, un sincero cobarde. Nadie coge unas maletas y se viene de excursión al sur del mundo, a la otra punta del país donde vive todo lo que temes, nadie es tu nombre y tu nombre de seis letras siempre será mi estigma.

Ahora viene esa parte de la película en la cual me arrancas cualquier órgano y lo vendes en el mercado de negro para comprarme flores, nos hemos quedado en el minuto 34:51 donde dices ‘te juro que te quiero de verdad, te quiero hasta los huesos, te quiero hasta el centro de mis nervios’, acuérdate porque me estoy quedando dormida y mañana no nos acordaremos.

Podemos quedarnos otra noche más a vernos beber y charlar y ver vídeos de mierda y escuchar música moñas, si quieres, podemos hacer constantemente lo que quieras, pero entonces no me digas que me quieres. Podemos escribir un libro absurdo lleno de errores, escúchame, no creo que jamás ame a alguien de este modo, nunca en mis otras vidas se me volverá a escurrir el corazón de las manos, te lo estoy dando: ten cuidado.

No sé, no me gusta no dormir contigo, entiéndelo. Nuestra banda sonora es música de guerra, no llores, los dos tenemos lleno el pecho de antidisturbios. Cada vez que no te miro quiero vomitar y vomitar y vomitar balones de playa, canciones horteras, poemas de ayer.

Voy a morderte aquí y aquí ahora que tengo tu espalda desnudita solo para mi boca, voy a abrirte una herida con los dientes de otro amante, espero que me perdones, nunca supe perdonarte.

Siempre he pensado, mi niño tierno, que tienes más capacidad de hacerme daño de la que yo tengo contigo, y no porque yo no pueda causarte dolor, sino porque tú no lo sientes.

Tragaré arena y pólvora cuando te vayas, y si no vuelves mi amor se hará ceniza. Me quedaré sin dinero para tabaco y te llamaré llorando para pedirte algo de pasta, algún beso que otro, quizá una noche follando abrazados en aquel apartamento.

Cuando vayáis a compraros vuestra ropita asquerosa a Inditex, os lo pido, compradme a mí un cuerpo con vida, un pulmón entero, dadle a todo esto una salida. Te digo con la lengua a ras de sábana, soy inflamable, soy ignífuga, nada me importa una mierda, pero sólo me importas tú.

No es china, es indonesa, la miro a través del cristal mientras apago el móvil fingiendo evitarte.
Mi corazón es palpable porque está sobre la mesa, no me toques.
Nadie regala basura poética ni medios de transporte, tú te llamas por tu nombre grabado a tinta en mi carne de primera llena de sangre. No te atreves a venir, sucio cobarde.
Ahora viene esa parte de la película que no vemos porque me has metido la mano en las bragas y vamos a hacernos el amor, mi favorita.
Podemos seguir toda la vida esta rutina vomitiva hasta que nos nazcan canas en el vello púbico si quieres, ¿podemos hacer lo que quiera alguna vez? ¿podré hacer que me quieras cuando quiera siempre que nos queramos? Nunca volverás a amar así y yo no seré la afortunada, toma mis riñones, son de plástico pero están sangrando de verdad.

No me gusta dormir contigo, prefiero que no nos dé tiempo, entiéndeme. Nuestra banda sonora es silencio y agua estancada, nuestra particular realidad cenagosa es mentira, no te asustes.
Voy a morderte y solo van a salir labios a cada pulso, cortas mi hemorragia con tu lengua.

Siempre he pensado que puedo hacerte el daño que se me antoje: nunca reconocerás que sufres.

Tragaré a otros cuando te vayas y si no vuelves quizá te olvide. Me quedaré sin alma y os pediré que cuando vayáis a devolver un regalo no deseado me compréis una nueva, brillante y lúcida, azul a ser posible.


La indonesa ha terminado de lavar su ropa, seguro que tiene mogollón de cargas familiares que me importan una mierda porque aunque sea ignífuga soy inflamable y no me importa mi vida, mi vida,
solo me importas tú.

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